Publicado por: EquipoGDT | miércoles 23 de septiembre de 2026 | Publicado a las: 16:53
vistas 7

Las últimas cifras del mercado laboral deberían encender todas las alarmas. Con una tasa de desempleo de 9,5 %, Chile alcanza uno de los niveles de desocupación más altos de los últimos años. Más allá de los indicadores económicos, estamos hablando de miles de familias que ven afectada su estabilidad, sus ingresos y sus expectativas de futuro.
La preocupación aumenta cuando observamos la realidad regional. Ocho regiones presentan tasas de desocupación de dos dígitos. Ñuble llega al 11 %, Biobío y Los Ríos alcanzan el 10,6 %, O’Higgins registra un 10,5 %, Valparaíso un 10,4 % y La Araucanía alcanza un 10 %, superando el promedio nacional. Estas cifras reflejan una situación que difícilmente puede interpretarse como transitoria.
Más preocupante aún es que la pérdida de empleos se concentra en sectores estratégicos para el desarrollo del país. Información y comunicaciones, minería, enseñanza e industria manufacturera muestran retrocesos significativos. Se trata de actividades que históricamente han generado empleo formal, mejores remuneraciones y oportunidades de desarrollo profesional. Cuando estos sectores se debilitan, se reduce también la capacidad de crecimiento de la economía.
Frente a este escenario, el Gobierno ha dado a conocer una agenda de 19 medidas laborales. Entre ellas destacan la Sala Cuna Universal, el contrato por horas, el contrato a prueba, el contrato por experiencia y nuevas modalidades de teletrabajo. Varias de estas iniciativas pueden contribuir a mejorar la empleabilidad de ciertos grupos, especialmente jóvenes y mujeres. Sin embargo, la pregunta de fondo es si serán suficientes para enfrentar la magnitud del problema.
Las medidas anunciadas apuntan principalmente a flexibilizar mecanismos de contratación y facilitar el acceso al empleo. No obstante, su capacidad para generar puestos de trabajo de manera significativa parece limitada. El empleo no crece solo por cambios regulatorios; crece cuando existe inversión, cuando se desarrollan nuevos proyectos productivos y cuando las empresas encuentran condiciones para expandirse.
La situación de los jóvenes merece especial atención. Cada vez más personas buscan trabajo por primera vez y encuentran un mercado incapaz de absorber esa demanda. Si esta tendencia se mantiene, el país corre el riesgo de desperdiciar una generación de talento y capital humano.
En La Araucanía, donde la desocupación alcanza los dos dígitos, las autoridades regionales y locales deben asumir un rol más activo. Es necesario acelerar proyectos de infraestructura, fortalecer el uso de programas como el PMU para absorber mano de obra local y promover que las licitaciones públicas consideren la contratación de trabajadores del territorio. Asimismo, los municipios deben fortalecer las OMIL y salir activamente a vincular la oferta laboral disponible con las necesidades de las pequeñas y medianas empresas.
La verdadera discusión no debería centrarse únicamente en cómo flexibilizar el trabajo. La pregunta más urgente es cómo volvemos a crear trabajo. Porque detrás de cada punto adicional de desempleo no hay solo una cifra. Hay familias esperando oportunidades, jóvenes buscando un futuro y regiones completas que necesitan volver a crecer.