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La Araucanía: región rezagada, y a la espera de un cambio

Por el senador Francisco Huenchumilla Jaramillo

Publicado por: Equipo GDigital | lunes 6 de julio de 2026 | Publicado a las: 17:40

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De ser el “granero de Chile” entre fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX, a ser una zona donde casi el 70% de la actividad corresponde al sector de servicios.

Ese es el viaje económico que ha tenido nuestra región de La Araucanía; un territorio de grandes contrastes, donde el rezago económico estructural en sectores que alguna vez fueron gravitantes para el desarrollo local, como la agricultura –sumado a otros factores, como una falta crónica de inversión y empleo en zonas urbanas y rurales– influyen hasta hoy en liderar un triste ranking: seguimos siendo la región más pobre del país.

Primero, partamos por una radiografía social. Los resultados de la Encuesta Casen 2024, que incorporó metodologías más exigentes, persisten en posicionar a La Araucanía como la región más pobre del país. La pobreza extrema se posiciona en un 13% de la población regional total –casi el doble del país, un 6,9%–; y la pobreza por ingresos, en un 28,6% –la cifra nacional se sitúa en un 17,3%–. A su vez, la pobreza multidimensional se ubica en un 15,9% –el porcentaje nacional es de 17,7%, por lo que en este aspecto, el resultado fue sorpresivo–.

El empleo, uno de los principales motores para que cada persona pueda disfrutar de condiciones de vida dignas, no exhibe cifras auspiciosas, pero sí anotó una mejoría en 12 meses: para el trimestre marzo – mayo, cayó en La Araucanía a 8,7% –desde un 9,8% en mismo periodo de 2025–, ubicándose con ello bajo el promedio nacional de 9,4%, que aumentó 0,5 puntos interanual. Esto ocurrió sobre todo gracias al empleo femenino regional, que aumentó en un 4,5%.

La paradoja, sin embargo, viene de la mano de la informalidad: La Araucanía exhibe un preocupante 37,4% de informalidad laboral –más que la cifra nacional, de un 27%–.

Ello implica que casi 4 de cada 10 trabajadores de La Araucanía no cuentan con protección social alguna.

¿Y la desigualdad en nuestra zona? Tenemos indicadores actualizados del Coeficiente Gini, que se posiciona para La Araucanía entre un 0,46 y un 0,48; para hacernos una idea, en el país es de 0,46. Esto significa que nuestra zona reproduce, o amplifica, condiciones de desigualdad estructural que se notan sobre todo al comparar las condiciones de vida urbanas y rurales.

Productividad y distribución económica

¿Qué tan productiva es nuestra región? Alguna idea nos dará el hecho que La Araucanía aporta del orden de sólo un 2,2% del total del PIB de Chile. Esto significa una participación bien baja a nivel nacional, respecto de su peso demográfico.

En este contexto, ¿cómo se distribuye el tejido económico regional, y qué producimos? Aunque no siempre fue así, hoy la región está fuertemente tercerizada (servicios, comercio y turismo) con un 70% del PIB regional concentrado en estas actividades. Se trata del sector que mueve los mayores volúmenes de dinero, asentado principalmente en comercio minorista, servicios personales, administración pública, turismo, educación y otros.

Dentro de esto, claro que el turismo tiene potencial; pero también explica por sí mismo por qué nuestra canasta debe estar más diversificada. El gran enemigo del turismo es la estacionalidad: el resto del año la actividad decae de manera drástica, haciendo precario el empleo turístico.

Luego viene el sector secundario (15 al 18% del PIB regional) basado en industria manufacturera y construcción. Se trata de una industria de baja complejidad, que procesa materias primas (molinos de trigo, industria forestal, aserraderos, plantas lácteas, construcción).

Y en tercer lugar se encuentra, efectivamente, la tradición de La Araucanía: el sector primario agropecuario – silvícola (con un 10 a 12% del PIB regional). Es cierto que ha retrocedido en importancia, y que el título de “granero de Chile” quedó casi sepultado debido al alto costo de insumos y la baja rentabilidad por hectárea. Con todo, sigue siendo relevante, porque es casi cuatro veces el peso que tiene el sector primario en el PIB de todo Chile. Toda una vocación rural.

Hoy, sin embargo, lo que manda es la expansión del suelo silvícola y la reconversión frutícola. Estos dos sectores son el motor del agro regional actual: La Araucanía sigue produciendo trigo; pero es mucho más rentable producir madera, avellanas, cerezas, arándanos o manzanas.

También es importante, y muy prevalente, la participación de la agricultura familiar campesina de subsistencia.

La inversión: talón de Aquiles

Otro punto de preocupación sobre nuestra región es la enorme asimetría entre inversión pública y privada. La pública es muy constante y muy significativa: el Estado hace un esfuerzo importante en paliar déficits de nuestra región en materia vial, de agua potable y conectividad.

Sólo el MOP ejecutó, entre 2022 y 2025, unos 150 mil millones de pesos anuales, principalmente en pavimentación de caminos rurales y APR. El Programa de Inversión del Gobierno Regional (FNDR + otros aportes sectoriales) invierte en la zona, entre 140 mil y 170 mil millones de pesos anuales.

Sólo estos dos aportes completan al menos 320 millones de dólares al año, todo ello sin siquiera incluir la gran inversión pública en vivienda, salud, educación o agricultura.

En contraste, y para todo el sector privado, cifras de la Corporación de Bienes de Capital (CBC) indican que en 5 años la inversión total en la región fue de sólo 830 millones de dólares, unos 166 millones de dólares al año.

Análisis de expertos apuntan que esta brecha de inversión se explica por factores como la llamada violencia rural; y estudios gremiales alertan que la región ha dejado de percibir más de 4.300 millones de dólares, en los últimos 10 años, por proyectos rechazados, entrampados o desistidos en el SEIA.

Los analistas, por último, también coinciden en que faltan incentivos estructurales: a diferencia de zonas extremas, en La Araucanía no tenemos leyes especiales de incentivo tributario, exenciones ni bonificaciones especiales, cuando podríamos tener un estatuto económico preferencial.

¿Y la pobreza?

Existe un entramado de factores históricos y geográficos que han perpetuado la situación de pobreza de nuestra región. Un factor innegable es la alta ruralidad y su dispersión; es difícil llevar a todas partes servicios básicos, conectividad y educación de calidad en igualdad de condiciones.

Otro factor que influye es la baja productividad laboral, en el contexto del mercado laboral de La Araucanía. Al predominar el comercio informal, los servicios personales para subsistencia, la agricultura de subsistencia y los empleos estacionales, la cantidad de bienes y servicios producidos en la región, así como los sueldos promedio, son bastante más bajos que en el resto de Chile.

Finalmente, es innegable el peso del conflicto histórico territorial, donde existe una falta de solución de fondo a las demandas de los pueblos originarios, que son una alta proporción de la población rural. Se les entregan soluciones incompletas a sus demandas; se les restituyen sus tierras, pero sin apoyo o fomento productivo, y muchas veces, sin tan siquiera habitabilidad digna.

¿Qué podemos hacer?

Son múltiples los caminos que se pueden recorrer para revitalizar a La Araucanía en lo económico.

En primer lugar, es difícil que la agricultura familiar pueda salir de su pequeña escala sin fomento, o pueda negociar el precio de sus productos con grandes cadenas o poderes de compra industriales. También es difícil que los agricultores de mayor escala sigan enfrentando sin apoyo el alto valor de sus insumos o la baja cotización de sus cereales.

La respuesta a ello son las cooperativas: para consolidar una oferta de mayor tamaño, que permita negociar grandes volúmenes de venta, negociar los precios de venta de su producción, y comprar insumos a precio mayorista.

Una siguiente idea es desarrollar un ecosistema de incentivos tributarios en la región, tal como en zonas extremas. Donde las empresas no vengan sólo a comprar materia prima para procesarla lejos, sino que tengan motivos para instalar aquí sus plantas procesadoras, sus centros de distribución e incluso sus áreas financieras y administrativas, generando empleo obrero, técnico y profesional.

Luego, cabe tener claro que la región tiene un potencial industrial; pero su nicho no es intentar competir con la industria pesada o altamente compleja de otras regiones y otros países. Su potencial está relacionado con la agroindustria y el valor agregado en origen: pueden producirse alimentos más sofisticados, biomateriales o productos variados de la madera dentro de la región.

Finalmente, y con el turismo, es urgente generar una actividad que deje de depender de la estacionalidad, como por ejemplo el turismo de interés cultural.

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