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Día Mundial de la lucha contra la depresión: cuando hablar también es salvar

Por Carlos Francisco Reyes Reyes, presidente de Agrupación Apapachos de Temuco

Publicado por: Equipo GDigital | martes 13 de enero de 2026 | Publicado a las: 16:46

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Hablar de depresión sigue siendo incómodo. No porque sea un tema raro, sino porque nos enfrenta a una verdad que muchas veces preferimos evitar: el sufrimiento emocional existe, es real y no siempre se ve. En una sociedad que valora la productividad, la sonrisa constante y la fortaleza aparente, la depresión suele esconderse detrás del silencio y la culpa.

El Día Mundial de la lucha contra la depresión no es una fecha simbólica más. Es un llamado urgente a detenernos y mirar con más humanidad. La depresión no distingue edad, fe, rol social ni vocación de servicio. Puede habitar en quien lo ha perdido todo, pero también en quien acompaña, sirve y sostiene a otros cada día.

Desde la fe, es importante decirlo con claridad: la depresión no es falta de Dios. La Biblia misma reconoce el quiebre del corazón y el abatimiento del espíritu. “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón” no es una frase poética, es una declaración profunda de presencia. Dios no se aleja del dolor humano; se aproxima a él.

Como comunidad cristiana y como voluntariado social, tenemos una responsabilidad ética y espiritual: romper el estigma. No espiritualizar el sufrimiento al punto de invisibilizarlo, ni exigir fuerzas donde no las hay. Amar también es escuchar sin juzgar, derivar a tiempo, recomendar ayuda profesional y permitir que el otro —y uno mismo— diga “no estoy bien”.

Quienes trabajamos con personas en situación de vulnerabilidad sabemos que el desgaste emocional existe. Acompañar duele, y muchas veces el cansancio se acumula en silencio. Por eso, cuidar la salud mental no es un lujo, es una necesidad. No podemos abrazar al mundo si primero no aprendemos a cuidarnos entre nosotros.

Hablar de depresión salva. Acompañar con respeto restaura. Y creer en un Dios cercano al corazón herido nos recuerda que incluso en la oscuridad, la vida sigue teniendo valor.

Hoy más que nunca, necesitamos comunidades que abracen sin preguntar por qué, que caminen junto al que está caído y que entiendan que la esperanza también puede llegar en forma de ayuda, palabra honesta y amor concreto.


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