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Opinión

Distintas voluntades, un mismo propósito

Por Carlos Francisco Reyes Reyes, presidente de la agrupación Apapachos de Temuco

Publicado por: Equipo GDigital | jueves 22 de enero de 2026 | Publicado a las: 17:01

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En tiempos donde la urgencia golpea fuerte y la adversidad parece superar las fuerzas individuales, ocurre algo profundamente esperanzador: las voluntades se encuentran y deciden actuar juntas.

Hoy, desde Temuco, estamos siendo testigos de ello, organizándonos con sentido de urgencia y humanidad para llevar ayuda concreta a la Región del Biobío, donde muchas familias enfrentan momentos especialmente difíciles.

Desde Apapachos, sumándonos al trabajo articulado de toda una organización mayor, hemos sido parte de un esfuerzo donde se han dejado de lado los nombres y los protagonismos. Aquí no importa quién lidera ni desde dónde se viene; importa a quién se ayuda. Cuando el centro es el prójimo, el impacto se multiplica.

La recolección de alimentos, agua y ayudas no es solo una acción logística. Es una declaración ética y humana. Es la certeza de que el sufrimiento ajeno no nos es indiferente y de que la solidaridad no reconoce fronteras comunales ni regionales.

En cada caja armada en Temuco, en cada bidón cargado, en cada turno extendido más allá del cansancio, hay un gesto de amor que viaja directo hacia quienes hoy más lo necesitan en el Biobío.

En este camino, el trabajo conjunto con INJUV, OMJ, Jóvenes por un Chile Mejor, y tantos otros voluntarios, ha demostrado que cuando los corazones se alinean, las estructuras funcionan y la ayuda llega, incluso a cientos de kilómetros de distancia.

Dar tiempo, energía y presencia en medio de vacaciones, trabajos, familias y responsabilidades no es menor. Es una forma concreta de amar. Es entender que la solidaridad no se posterga para cuando “haya tiempo”, sino que se activa cuando la realidad duele.

Los voluntarios no solo están entregando recursos materiales; están entregando dignidad, esperanza y acompañamiento.

Cuando las voluntades se unen, ocurren cosas profundas. No porque desaparezcan los problemas, sino porque aparecen más manos dispuestas a enfrentarlos juntas, sin importar el lugar de origen. Y eso, en un país que a veces parece fragmentado, es una señal poderosa de humanidad, comunidad y esperanza.

Que este ejemplo nos marque y nos recuerde algo esencial: cuando somos uno solo, somos más fuertes.


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