Publicado por: Equipo GDigital | sábado 25 de julio de 2026 | Publicado a las: 12:39
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Recientemente visioné una vez más la “La lista de Schindler” (1992) y aunque la he visto en reiteradas ocasiones aún me sobrecoge el filme de Steven Spielberg que cuenta la historia del empresario alemán que, durante la Segunda Guerra Mundial, en pleno Holocausto, salvó la vida a más de mil judío-polacos contratándolos en su fábrica.
Aunque su figura cuenta con buenos pergaminos por esta loable acción, los antecedentes históricos son lapidarios para el ambicioso, vividor y mujeriego Oskar Schindler, quien pertenecía al Partido Nazi y para quien realizó operaciones encubiertas.
Gracias a estas conexiones el empresario se enriqueció a costa del atribulado y humillado pueblo judío durante el conflicto bélico, y de la noche a la mañana se transformó en millonario. Sin embargo, en un punto éste toma una trascendental decisión y utiliza todo su poder económico e influencia para salvar de la muerte a un grupo importante de hombres, mujeres y niños.

Millones de personas, enviadas a los Campos de Concentración distribuidos por toda Alemania, Polonia y Europa, no correrían la misma suerte; oficialmente se habla que fueron seis millones de almas que fueron asesinas en las fábricas de muerte Nazi. Para quienes niegan el Shoa, término hebreo para referirse al Holocausto, la cinta es un valioso referente histórico para conocer lo horrores sufridos por los judíos en la Europa de la década de los 40.
Recuerdo la primera vez que la vi me pregunté porque el director la hizo en blanco y negro, luego comprendí que simbolizaba la ausencia de esperanza en la época más oscura que haya vivido la humanidad; cada fotograma es desesperanzador, por instantes pierdo la fe en una posible vía de escape para las víctimas del terror desatado por las políticas de Adolf Hitler y su llamada “Solución final”.
Las únicas imágenes en color son la niña del abrigo rojo, que simboliza el derramamiento de sangre durante el desalojo del Gueto, y los sobrevivientes hebreos cuando visitan la tumba de Schindler en Israel.

TRES PILARES
Destacar el nivel extraordinario de actores liderados por Liam Neeson, Oskar Schindler, el personaje que más evoluciona y es testigo de primera fila de los terribles acontecimientos. Al arrancar la cinta él no odia a los judíos como los Nazis, pero tampoco le quita el sueño su sufrimiento. Es más, los utiliza como herramienta para llenar baúles de dinero y retirarse millonario hasta su tierra natal como “un triunfador”.
Por su parte Ben Kigsley, Itzhak Stern, el contable judío que ayudó a Schindler en su aventura empresarial y lo hizo millonario en poco tiempo. A través de los ojos de Stern vemos cómo los judíos sufren en carne propia la barbarie germana y por momentos nos ponemos en los zapatos de quienes vivieron el horror del Holocausto.
Y finalmente Ralph Fiennes, el capitán Amon Göth, apodado “El carnicero de Cracovia”, comandante del Campo de Concentración de Plaszow, un sicópata que mata por diversión y maldad. Él sufre radicales cambios de temperamento, gatillados porque se enamora de su ama de llaves, la judía Elen; además sus charlas con Schindler lo perturban y confunden.

DINERO
Un elemento interesante de la historia es el poder del dinero que se transforma a medida que avanzan los sucesos en contra del Pueblo hebreo. Al principio Schindler utiliza sus recursos y persuasión para ganarse la confianza de los altos jerarcas alemanes. La guerra será su gran aliada y la única vía para conseguir el ansiado éxito que tantas veces le fue esquivo en los negocios.
En otro plano tenemos a los empresarios judíos que tuvieron que creer en la palabra de Schindler y entregar todo su dinero para invertirlo en la fábrica, para contar con especies que luego utilizarían para poder sobrevivir.

Pero el dinero toma real relevancia cuando el empresario elabora una lista de refugiados y apela a la codicia de Göth para salvarlos de un fatal destino en Auschwitz.
En un punto Oskar se reprocha haber derrochado tanto dinero en cosas inútiles, con lo cual hubiese salvado más vidas en uno de los capítulos más oscuros y brutales que se hayan registrado en la historia del Siglo XX.

Por Andrés Forcelledo Parada.-