Publicado por: Equipo GDigital | viernes 3 de abril de 2026 | Publicado a las: 12:08
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“Ben-Hur” (1959) me evoca inmediatamente la figura de Charlton Heston; sobran calificativos para desmenuzar su interpretación. Sus miradas transmiten sentimientos tan extremos como el amor y el odio, es el papel de su carrera junto a “Los 10 mandamientos” (1954).
Recordar que el filme marcó un récord durante muchos años al ser la película más premiada de la historia con 11 Oscar; luego “Titanic” (1997) y “El señor de los anillos: El retorno del rey” (2003), lograrían la misma cantidad de premios de la Academia, proeza no superada hasta nuestros días.
En ese sentido este comentario no se refiere a los premios y técnicas que la hicieron merecedora de tal distinción, está dirigido al epicentro de la epopeya: el príncipe de Judea quien, por la envidia y ambición de su antagonista, Mesala, Stephen Boyd, se enfrentó al Imperio Romano, en un relato de venganza y redención sin precedentes en la pantalla grande.

Un filme nos lleva a Judea, Jerusalén, Roma, recorriendo las aguas del mediterráneo en que recuerdo el infierno de las galeras donde Judá estará como esclavo, víctima de humillaciones y maltratos, convirtiéndose en un sobreviviente de su terrible destino.
Ese mismo destino que le tendrá reservado el mejor de los regalos para alcanzar la paz mental y espiritual. Así el director William Wyler maneja sutilmente la temática religiosa con las esporádicas apariciones de Cristo, casi siempre ligadas al protagonista.

El cineasta norteamericano William Wyler (1902-1981)
El largometraje brinda memorables instantes gracias a una impecable dirección artística en que contemplo hermosos decorados y locaciones, miles de extras y escenas de acción inolvidables de las cuales mencionaré dos que marcan puntos claves del relato.
El primer lugar está la batalla naval en que las galeras romanas se enfrentan con los macedonios. Aquí está Judá como galeote condenado por Mesala, una tremenda escena de acción y dramatismo en que recuerdo la desesperación de los esclavos por salvar sus vidas mientras el barco es embestido.

Y está mi secuencia favorita de la cinta, ícono del cine de todos los tiempos, la carrera de cuadrigas donde se enfrentan Ben-Hur y Mesala, con una puesta escena espectacular con primeros planos, medios y generales de las cuadrillas y sus jinetes corriendo a toda velocidad en esa fabulosa recreación de un circo romano en Jerusalén.
“Ben-Hur” inmenso espectáculo que te atrapa desde los créditos iniciales con la banda sonora de Miklós Rózsa que refina de un modo insuperable esta memorable historia, existiendo partituras para cada personaje y situaciones, una variedad orquestada que me deja de una sola pieza.

Por Andrés Forcelledo Parada.-