Publicado por: Roberto Neira Tonk | domingo 11 de octubre de 2026 | Publicado a las: 19:21
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Víctor Ancalaf Llaupe tiene 64 años y una trayectoria marcada por el liderazgo dentro del movimiento mapuche en La Araucanía. Como werkén (vocero) de su lof (comunidad), ha sido testigo y protagonista de las complejas transformaciones que ha experimentado el conflicto territorial en la zona durante las últimas décadas.
Su recorrido de vida no ha estado exento de costos personales y judiciales. Tras haber enfrentado la prisión en años anteriores por su actividad política y social, hoy vuelve a vivir el rigor del sistema penal desde la vereda de padre, con sus dos hijos hombres encarcelados y condenados en el marco del conflicto en la zona.
El Tribunal Oral en lo penal de Angol condenó a Matías Ancalaf Prado y a Heriberto Ancalaf Prado, a penas de 19 y 22 años de presidio por su participación en la muerte del sargento mayor de Carabineros, Francisco Benavides, perpetrado el 24 de mayo del 2021 en el sector San Andrés de la comuna de Collipulli.
Con una postura crítica frente a la institucionalidad del Estado y las decisiones gubernamentales, Ancalaf cuestiona severamente la prolongación del estado de excepción y la presencia militar en la provincia de Malleco. A su juicio, estas medidas responden a una decisión política orientada a resguardar intereses económicos de grandes grupos empresariales en el territorio.
Ad portas de una nueva conmemoración del 12 de octubre y rodeado por una extensa familia de cuatro hijas y nueve nietos, el dirigente analiza el relevo generacional en las comunidades, el estado de los procesos judiciales y la urgente necesidad de reorganización interna que, según plantea, demanda hoy la causa mapuche.
— Víctor, ¿cómo ha visto el desarrollo de la prolongación del estado de excepción, principalmente en la provincia de Malleco, que involucra una gran cantidad de recursos del Estado?
— Bueno, con respecto a ese tema, creo que no es una situación nueva. Es una situación que viene abarcando desde que este Estado fue conformado como tal. Tiene que ver con la militarización de la zona, de nuestro territorio, puntualmente del pueblo mapuche, y que viene desde cuando hicieron ingreso allá por el año 1500 y tanto el ejército español. Bajo esa gran cantidad de años, de tiempo, el pueblo mapuche ha vivido militarizado.
Si lo remontamos a tiempos modernos de ahora, sí, es una decisión política, como lo dijo el exsubsecretario Monsalve. Él dijo que era una decisión política y, es más, dijo que ellos como Gobierno —estoy hablando del Gobierno de Boric— habían blindado a estas instituciones del Estado: llámese tribunales, Fuerzas Armadas, y las empoderaron también de todo lo que significa el tema legal, entre comillas, pero también la parte logística. Queda claro que aquí hay una intención por parte de estos poderes fácticos de atormentar y reprimir, en este caso, al pueblo mapuche.
— ¿Cree que se están gastando recursos innecesarios?
— Básicamente es porque hay una intención y una decisión de invertir una gran cantidad de recursos para el bienestar de estas grandes empresas que dirigen y controlan el país. No hay que olvidar lo que decía años atrás Jorge González: cuando fueron gobierno los de la Concertación, la realidad es que no fueron gobiernos socialistas ni progresistas, sino que la derecha permitió que estos gobiernos existieran, como el caso de Frei, de Bachelet, de Lagos. González tenía mucha razón en ese aspecto. Estos tipos tienen dinero y tienen mucho, ¿y para qué quieren más? Eso quiere decir que aquí hay cientos de miles de millones de pesos destinados a reprimir la lucha social de los estudiantes y trabajadores, pero también a reprimir la reivindicación territorial de nuestro pueblo. Eso está más que claro.
— ¿Qué queda de resistencia hoy día en Malleco? Considerando que varios dirigentes o personas que alzaron la voz están tras las rejas, como Héctor Llaitul o Jorge Huenchullán.
— De resistencia, no tan solo en Malleco, sino a nivel de pueblo mapuche, queda mucha todavía. Esa es una gran satisfacción para nosotros como mapuche: vienen de paso otras nuevas generaciones. Eso nos da la tranquilidad de que efectivamente este es un pueblo luchador por historia, un pueblo que ha estado resistiendo la invasión del extranjero desde hace muchos siglos.
Como lo dicen los cronistas, no es el caso de lo que ocurrió con otros pueblos indígenas de América Latina —como en Perú, Bolivia o México—, donde mataban al rey o al líder máximo y toda la configuración orgánica y política quedaba desarticulada. Acá en nuestro territorio se vive el más amplio sentido de la democracia, porque hay muchos dirigentes que, nos parezcan bien o mal, están ahí y tienen injerencia en la proyección política.
En el caso mío, creo que cumplí una etapa y un tiempo, pero ese tiempo me permitió adquirir un sinfín de experiencias que son traspasadas, como en tiempos antiguos, a las futuras generaciones. Hoy día, en un indebido proceso, tienen detenidos y encarcelados a mis hijos. Dirán: «Ya le cortamos las alas a Víctor Ancalaf, porque esto se va a tranquilizar», que es lo que piensa el wingka. Pero tengo más familia: tengo cuatro hijas, dos hijos hombres que están presos y un montón de nietos. Tenemos con mi señora nueve nietos, y de los nueve, seis son hombres. Más de alguno de esos nietos va a continuar esta lucha.
—¿Los gobiernos han dicho que están combatiendo el crimen organizado en la zona?
Cuando se habla en el discurso político de que están combatiendo el crimen organizado, a estos tipos se les olvida que el crimen organizado partió cuando llegaron los españoles acá, y luego siguió el Gobierno de Chile y el Ejército. El 7.º de Línea, el 4.º de Línea y el 5.º de Línea del Ejército chileno participaron en la matanza de nuestro pueblo. Ellos son el crimen organizado. Por algo lo decía Mosciatti el otro día en la Biobío: el «Tren de Vitacura» sigue actuando desde hace muchos años. Como yo también lo dije en el año 2000, la justicia chilena es una porquería y los jueces estaban corruptos.
Aquí hay hechos concretos. Cuando fuimos a la apelación en la Corte Suprema en Santiago, el mismo ministro que en su oportunidad, en el año 2000, me increpó diciendo que se querellaría porque yo decía que la justicia era corrupta, estaba durmiendo. Me refiero al señor ministro de la Corte Suprema, Leopoldo Llanos. Se lo dije también a Diego Simpertigue, que hoy día también está en una dudosa posición: «Señor Simpertigue, usted me está condenando a mí a 10 años de cárcel, pero algún día se va a acordar de mí». Y ahora tendrá que acordarse, porque ellos también están bajo esa organización del crimen organizado; ahí está Hermosilla, Chadwick, un montón de personajes de mucho poder, incluido Piñera que ya se murió. ¿Y nos vienen a decir a nosotros que somos los corruptos? Da pena ajena ver cómo la imagen país se ha visto desprestigiada porque hoy día no quieren dar soluciones políticas a los temas de fondo que aquejan a este país, como el tema de los trabajadores, los estudiantes y el tema mapuche.
Preferirían implementar armas o dotar de más Carabineros, pero aunque coloquen a cientos de miles de carabineros, no van a poder con el pueblo mapuche. La historia ya lo dijo: si no fueron capaces los españoles, menos lo van a ser los chilenos, y esta lucha tiene que continuar. La gente se está levantando y recién están despertando muchas generaciones que votaron por este presidente nefasto.
— Víctor, ¿cómo ve la gestión del Presidente José Antonio Kast?
— Lo primero que te podría decir es que el mejor favor que este Gobierno le podría hacer a los chilenos sería renunciar e entregar el poder, porque ya está demostrado que no tiene las capacidades para dirigir una nación o un país. Por la dignidad de él mismo, debiera renunciar y entregar el cargo para que el pueblo elija. Todos sabemos cómo este señor se apoderó de la presidencia y llegó a ser Presidente sin tener las condiciones políticas ni la proyección.
— ¿Existe alguna preocupación por los pueblos originarios ad portas de una conmemoración de este 12 de octubre?
— Pienso que no hay mucho que celebrar. Quienes celebran estarían consolidando toda la injusticia y la masacre que ha existido en contra de los pueblos indígenas de América Latina y del mundo. Este 12 de octubre no nos representa para nada como una fecha gloriosa. Se nos han negado nuestros derechos como pueblo y nuestros derechos colectivos. Como dirigente mapuche, hace muchos años que no celebramos nada: ni el 18 de septiembre, ni la Semana Santa, ni la Pascua, ni el Año Nuevo del wingka, porque todo es un engaño para distraer el pensamiento de la gente.
Si mañana la gente sale a protestar y manifestarse, apoyo esa posición. Con legítima razón hay que recordar que aquí hay muchos presos políticos mapuche que no deben ser olvidados. Hago un llamado a los dirigentes antiguos e intelectuales a que se acuerden de los presos políticos, porque gracias a esa lucha hoy el tema indígena es un tema que compete a los gobiernos. Antes no se hablaba del tema mapuche, sino de reducciones. Ha sido un avance por el cual hemos pagado muy caro con encarcelamiento, viendo cómo se pasa a llevar la dignidad de las personas, de los niños, las mujeres y los ancianos, y cómo avasallan nuestro territorio. Eso hay que defenderlo sea como sea.
— Por último, ¿cómo lo ha golpeado en lo personal el tener a sus hijos condenados en prisión?
— Ese tema no ha sido fácil. Nunca pensé que mis hijos iban a ser condenados. Estuve con ellos tres meses en la cárcel de alta seguridad en Valdivia y siempre les decía que tuvieran calma, que al llegar a la instancia de los jueces iba a ser difícil que los condenaran porque no tenían evidencias: no había pruebas de las armas y la posición de los teléfonos no los situaba en el lugar de los hechos. Para condenar a personas así tendría que haber motivos o circunstancias muy poderosas, pero nunca pensamos que esto iba a ser un juicio y una condena política.
Mis hijos fueron condenados por un testigo sin rostro, por un escrito que dio un hombre que nunca fue interrogado, y eso hicieron valer. Evidencia concreta en el juicio no la hay; por eso pensamos que es un proceso indebido.
En la parte humana, como padre de familia, es triste ver que primero estuve preso yo varias veces por la situación política y después cayeron presos mis hijos y fueron condenados. Es doloroso también para la mamá de mis hijos, porque la madre siente el doble la ausencia. Están los niños, las esposas, su lof en la comunidad que quedó desatendido; hay un quebrantamiento en el crecimiento familiar.
No hay que olvidar que todas estas instituciones del Estado —Carabineros, Ejército, PDI, Gendarmería— son maquinarias para reprimir. En la cárcel se tortura a la gente; lo viví en carne propia entre 2002 y 2008 en Concepción, donde murieron 41 personas, y en 2005 murieron 81 personas quemadas en Santiago. Han muerto soldados conscriptos en tiempos de paz, como en Antuco, y han muerto civiles en libertad asesinados por Carabineros o la PDI. Esta maquinaria está al servicio de los grandes y poderosos empresarios para asegurar sus bienes económicos.
— Víctor, ¿cómo ve la continuidad de las nuevas generaciones de resistencia?
—Lo que hay que entender es que en los mejores tiempos de lucha del pueblo mapuche se configuró, para la resistencia del territorio, un ejército en la comuna de Purén: los purenenses. Ese poderoso ejército mapuche, comandado por Pelantaro, Nahuelbuta y Anganamón, permitió la destrucción de los siete fuertes en la región. Tenían mucha disciplina y sistemas finos de inteligencia y contrainteligencia.
Hoy estamos frente a un enemigo poderoso. Los chilenos y las instituciones del Estado debieran estar orgullosos de todos sus pueblos indígenas, porque hemos estado luchando desde hace muchos años por la libertad, por la Madre Tierra y por la naturaleza. Pareciera que para los wingka eso es malo.
Hay que hilar fino y ponerle mente. El que quiera estar en esta resistencia estará, y el que no, tiene que hacerse a un lado; que no sirva de piedra de tropiezo ni de soplón para encarcelar a la gente que lucha. Lo que hay que hacer es organizarse como antiguamente, pero de una manera fina y profesional, con todas las tecnologías que puedan haber. De lo contrario, estamos destinados a desaparecer como pueblo y ser asimilados.
Ayer veía a una lamngen joven, a quien conozco hace tiempo, y me dio mucha pena verla con tres packs gigantes de cerveza y una bolsa grande de carne. ¿Para qué? Para beber y comer, sin importarles los prisioneros políticos mapuche. Mucha gente no tiene conciencia y otra ha ganado mucho dinero a costa del tema mapuche. Todos estos gobiernos le tiran trigo a los pollos para generar discordia entre nosotros mismos. Por eso insisto: hay que trabajar de manera seria, responsable y organizada.