Publicado por: Equipo GDigital | sábado 12 de septiembre de 2026 | Publicado a las: 10:55
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“Stalingrado” (1994) debe de estar dentro del grupo de filmes más brutales e impresionantes que he visto sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial en que una vez más se aborda el sin sentido de los conflictos bélicos.
La historia se desarrolla en el frente este de Europa y desde la mirada alemana del director Joseph Vilsmaier, quien exhibe la brutal realidad sin disfrazarla con proezas heroicas como en otras del género Bélico.

Cineasta alemán Joseph Vilsmaier (1939-2020)
Soy testigo de la batalla más sangrienta de esta guerra con travelling que muestran el horror del conflicto, con el final más honesto que nos haya brindado la pantalla grande.
No es el espectáculo tipo “Rescatando al soldado Ryan” (1998) o la guerra psicológica de otras en que siempre existen dos bandos, héroes y bárbaros.
Los primeros luchando por la libertad, el mantenimiento de la cordura y la estabilidad mundial. Y los otros, los tiranos imperialistas, asesinos de judíos y creadores de eficientes maquinarias de muerte.

Vilsmaier muestra un interesante ángulo de la II G.M en que no solo observo la impresionante maquinaria bélica alemana que destruye todo a su paso, sino a hombres aterrorizados y decepcionados de una guerra que estaban seguros iban a salir triunfadores.
Arranca la cinta con un hermoso plano de la rivera italiana y los soldados divirtiéndose en una tarde de esparcimiento en la playa y luego pasan a convertirse en máquinas destructoras en el frente ruso, pueblo al que pensaban derrotar rápido a través de la guerra relámpago o Blitzkrieg.
De estar acompañados con bellas muchachas compartiendo unas copas de vino, los soldados pasan a la bestial guerra en el frente ruso.

El pelotón quiere cumplir su misión, concretar el ambicioso objetivo del III Reich de conquistar Europa, ahora sería el turno de los soviéticos a quienes consideraban infrahumanos.
Según ellos realizaban una verdadera guerra santa en territorio soviético. La determinación del Ejército de Adolf Hitler los convertía en seres invencibles, estaban convencidos que le hacían un favor al pueblo ruso, extirpar el Bolchevismo del atribulado país de otro tirano, Joseph Stalin.

En esta barbarie soldado del pelotón germano, el actor Dominique Horwitz, aporta la cuota de optimismo con sus bromas a flor de labios, reanima al más pesimista en momentos de shock colectivo o individual.
El personaje apoya a sus compañeros de armas y les brinda palabras de aliento. En una particular escena le expresa a un camarada que durante el horror de la guerra que “No es bueno pensar”. ¡Sin palabras!

Por Andrés Forcelledo Parada.-