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“Teniente corrupto”: Un cuento de autodestrucción, pecados y redención

Un policía adicto a las drogas se encuentra agobiado por las deudas acumuladas en las apuestas de juego. Él traspasa todos los límites de la autoridad policial y un momento decide cambiar el rumbo de su vida cuando investiga el caso de la violación de una monja. 

Publicado por: Equipo GDigital | sábado 27 de junio de 2026 | Publicado a las: 13:17

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En la historia del séptimo arte existen reconocidos actores que se transforman en leyendas al encarnar a personajes que marcaron para siempre sus carreras.

Definitivamente nacieron para interpretar estos papeles, incluso algunos no lograron superarse, porque dejaron la vara a un nivel inalcanzable.

La lista es demasiada larga: Rick Blaine, Humprey Bogart, “Casablanca” (1941); Vito Corleone, Marlon Brando, “El padrino” (1972); Jacke La Motta, Robert De Niro, “Toro salvaje” (1980); Alex, Malcolm McDowell, “La naranja mecánica” (1976), por mencionar algunos.

Son actores irremplazables como el extraordinario Harvey Keitel en “Teniente corrupto” (1992) o “Maldito policía” de Abel Ferrara, película que supera a la imprescindible El rey de Nueva York” (1990) del mismo realizador.

Director norteamericano Abel Ferrara

El polémico director italoamericano muestra la cruda y oscura paranoia urbana de la ciudad de Nueva York, comparable a la que presenta Martin Scorsese en “Taxi Driver” (1979).

Ferrara exhibe la crudeza de la ciudad, aquella que Hollywood siempre disfraza de un glamour que no existe. “La gran manzana” es lúgubre, la ley está con la mierda hasta el cuello y los policías superan en corrupción a los delincuentes que persiguen.

El director ofrece un cine honesto en que vemos la historia de un policía que está en franca autodestrucción, llegó a solidarizar con él, porque da lástima su mala racha y su futuro no es muy prometedor.

El teniente está en el abismo, un hombre adicto a todo tipo de drogas, crack, cocaína, etc. Abusa de su autoridad a cada instante, un ser en decadencia que no le interesa su familia y sólo espera un milagro en las apuestas para salir de las agobiantes deudas de juego en la liga de béisbol.

Al policía neoyorquino le importa un rábano su placa, es la antítesis de Frank Serpico en “Serpico” (1973) de Sidney Lumet, un policía integro e incorruptible, quien entrega su vida para cumplir la ley, mientras que el personaje de Keitel utiliza su poder para beneficiarse de ello.

 

Aunque el oficial se desdobla y flagela sistemáticamente, estando desnudo en cuerpo y alma, y traspasando todos los límites de la ética policial, se convierte en un interesante antihéroe.

El caso de la violación a una religiosa será el punto de quiebre para que el teniente pueda salir de aquel oscuro túnel de miseria moral y adicción, para encontrar la redención de su existencia.

Por Andrés Forcelledo Parada.- 


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