Publicado por: Equipo GDigital | sábado 22 de agosto de 2026 | Publicado a las: 11:35
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El segundo filme del director norteamericano David Lynch, quien partió el 2025, me hizo reflexionar sobre nuestra naturaleza e intenciones como seres humanos en este vertiginoso mundo lleno de violencia, destrucción, corrupción y desesperanza.
Aquí me surgen algunas interrogantes: qué nos convierte en buenas personas, en qué radica la belleza de la vida ¿En lo externo o lo que tenemos en nuestro interior?
Nuestra sociedad está esclavizada a un mundo individualista y materialista que nos arrastra a vivir de apariencias, vanidad y superficialidad, “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, afirmaba el rey de Israel Salomón en el libro de Eclesiastés.

Por inercia o conscientemente usamos estos parámetros para calificar a las personas, cosas y a nuestro entorno. En la mayoría de las ocasiones nos equivocamos y caemos en las redes de los prejuicios.
En ese contexto “El hombre elefante” (1980) es una parábola sobre no juzgar a las personas por su aspecto, condición social, raza o religión, y que el juzgar nos hace prisioneros de nuestros propios miedos y secretos más ocultos.

No es más fácil practicar la tolerancia y aceptar a las personas con sus defectos y virtudes. Seguro el camino más fácil es elegir la apariencia y superficialidad que nos rodea cada día.
David Lynch en este biopic subraya a fuego que los sentimientos pesan mucho más que la aparente belleza exterior. Avanzada la historia y me olvido de las terribles malformaciones de John Merrick, John Hurt, personaje real que vivió a finales del siglo XIX en Inglaterra y que fue objeto de estudio ante su terrible condición física.

Junto al Dr. Frederick Treves, Anthony Hopkins, y la señorita Kendall, Anne Bancroft, veo que Merrick es una persona educada, amable y tierna. Aprecio sus virtudes y valoro al hombre tras su aparente monstruosidad, aquí repudio el accionar de las personas que lo maltratan y explotan, entonces me pregunto quiénes son los verdaderos monstruos.
En esta dolorosa y conmovedora historia Lynch exhibe la bajeza de los hombres de ayer, hoy y mañana, con sus vicios, fobias y crueldades.
En ese proceso sus héroes alcanzan la paz y libertad a costa de la humillación pública con oníricas y surrealistas imágenes al fiel estilo de otro grande de la cinematografía mundial, el director español Luis Buñuel.

Por Andrés Forcelledo Parada.-