Publicado por: Equipo GDigital | miércoles 18 de febrero de 2026 | Publicado a las: 19:53
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Falta poco para la instalación del nuevo gobierno del Presidente José Antonio Kast, lo cual despierta como es natural el interés periodístico y ciudadano en cuanto a la conformación de los equipos de trabajo del Mandatario, tanto a nivel del gobierno nacional central (Gabinete de ministros) como del gobierno descentralizado o a nivel regional (delegados y Seremías).
Pero lo que no es natural, ni esperable, es la típica disputa de poder que se da al interior de los partidos políticos que forman parte del sector ganador de la elección presidencial.
Dicha disputa se mide y se zanja mediante la designación de personas insertas en el gobierno. Mientras más puestos ocupe un determinado Partido, más poder tendrá. Es lógico, pero, no es lo correcto.
Resulta, que existe en economía toda una escuela de pensamiento destinada analizar la conducta humana en estas instancias del poder. La Public Choice que ostenta a varios autores, uno de ellos galardonado con el Nobel (James Buchanan, 1986), señala que, las personas no son ángeles sino que actúan dentro de un gobierno de la misma forma que actuarían en el mercado, buscando siempre su interés personal, maximizar sus beneficios.
Sin importar de qué color político sea, la conducta humana es la misma, siempre persiguiendo un rédito personal, ya sea obtener mayores ingresos económicos, o beneficiar a un pariente, o instrumentalizar un cargo para ganar una elección, etc.
No está mal que alguien quiera obtener ventajas y progresar en su vida profesional, pero, si está mal si lo hace a expensas de terceros o jugando con reglas de privilegio que no existen en el mercado.
Por ello, se requiere limitar el ejercicio del poder, establecer normas y reglas claras para evitar todo tipo de abusos al interior del gobierno, puesto que la Public Choice refrenda y actualiza una vez más el antiguo adagio que reza, que el poder corrompe (Lord Acton, 1887).
Desde nuestra perspectiva, los políticos no deben instalarse en todas las instancias del gobierno, creemos en la tecnocracia, en la capacidad de los profesionales independientes y centrados en la tarea y que puedan ejecutar el mejor trabajo en beneficio de las personas y del bien común.
Mientras menos políticos tengamos, mejor, y por otro lado, mientras menor sea el estado, más libertad para los ciudadanos y más espacios para la sociedad civil. A medida que crece el estado, más interesados emergen para controlarlo, o tomarlo como un botín, capturando diversas instancias para el Partido y sus adherentes, cual mafia.
Un modelo de estado mínimo, austero y eficiente, es lo que falta en Latinoamérica, toda vez que es un subcontinente que sólo ha sabido mirar hacia los políticos para resolver sus problemas y aspirar al desarrollo, una mirada completamente miope, aunque últimamente parece estar cambiando.
Sin dudas, hay gente buena en todos lados, pero a nuestro juicio, entre el sector político, los buenos son la excepción. Al observar la instalación del nuevo gobierno hemos visto nuevamente estas dinámicas y luchas internas completamente falaces.
No se debe buscar apitutar a políticos, sino, contratar a los mejores técnicos en el área específica que le concierne. Solo así se garantiza el éxito de un gobierno (o de cualquier institución pública o privada). Mientras tengamos muchos puestos para pagar favores, asistiremos a la debacle de la democracia, capturada por el poder de los políticos quienes, siempre buscarán su propio interés.
Es dable, por tanto, celebrar la conformación del Gabinete del Presidente Kast, compuesto en su amplia mayoría por técnicos y no por políticos. El mismo principio debería primar para los demás cargos de la burocracia estatal, en especial, aquellos en que se requiere ejecutar reformas. Y por cierto, disminuir el aparato estatal es también muy importante de hacer en su momento, para ser coherentes.
No nos olvidemos que, como dijo Federic Bastiat (1848), todos quieren vivir del Estado, pero se olvidan que el Estado vive a expensas de todos.