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El asesinato de dos mujeres y una extraña desaparición: los casos que siguen esperando justicia en La Araucanía

Pamela Zúñiga, Ivonne Mendoza y Erica Hagan tienen historias distintas, pero sus familias comparten una misma realidad: después de años de investigaciones, diligencias y búsqueda de respuestas, todavía existen interrogantes que permanecen abiertas. En dos de estos casos, las familias cuestionan que no exista una respuesta judicial que les permita cerrar el duelo; en el tercero, una nueva investigación intenta volver a mirar evidencias que durante años permanecieron sin una conclusión definitiva.

Publicado por: EquipoGDT | domingo 27 de septiembre de 2026 | Publicado a las: 08:34

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El asesinato de dos mujeres y una extraña desaparición: los casos que siguen esperando justicia en La Araucanía
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La Araucanía fue una de las regiones piloto en la implementación de la Reforma Procesal Penal, proceso que comenzó en 2000 y que significó un cambio profundo en la manera de investigar y perseguir los delitos en Chile. El nuevo sistema entregó al Ministerio Público la conducción de las investigaciones penales y buscó modernizar la persecución de los delitos.

Más de dos décadas después, tres historias familiares muestran la dimensión humana de aquellas investigaciones que permanecen abiertas en la memoria de quienes perdieron a una madre, una hija o una sobrina.

Son los casos de Pamela Zúñiga Meza, Ivonne Mendoza Callumán y Erica Hagan.

Tres mujeres. Tres historias ocurridas en distintos momentos. Y familias que, por diferentes razones, continúan buscando respuestas.

No se trata necesariamente de investigaciones con las mismas características ni con el mismo estado procesal. Pero sí existe un elemento común: el paso del tiempo no ha conseguido cerrar las heridas de sus familias.

Pamela Zúñiga Meza: una familia que todavía espera justicia

Pamela Zúñiga Meza tenía 22 años cuando desapareció el 4 de enero de 2002 tras concurrir al Banco Estado en el centro de la capital regional. Semanas después sus restos fueron encontrados en el callejón El Álamo de la localidad de Labranza y los peritajes determinaron que había sido asesinada.

Era madre de dos hijos y, según recuerda su familia, tenía proyectos de vida que quedaron truncados.

A más de 24 años de ocurrido el hecho, su tía, Maritza Meza, decidió volver a levantar la voz para exigir que se esclarezcan las circunstancias de su muerte y que se determinen las responsabilidades que correspondan.

Su testimonio está marcado por el dolor, pero también por la convicción de que la historia de Pamela no puede quedar en el olvido.

—Yo soy Maritza Meza y hago un llamado a la justicia para que haga su trabajo y haga justicia en el crimen de mi sobrina.

Meza sostiene que Pamela fue víctima de una persona a la que identifica como responsable del crimen y cuestiona que, según su versión, continúe en libertad.

—Ella fue una víctima de un acosador sexual, de un matón, de una persona que está plenamente identificada y que trabajó para la DINA.

Para Maritza, lo ocurrido no solamente significó la pérdida de su sobrina, también dejó a dos niños sin su madre.

—Él lamentablemente le truncó todos los sueños y la vida de una joven de 22 años que dejó dos niños en su camino. El menor tenía un año y medio. Y creo que no es justo que un hombre siga libre a estas alturas y ande por la vida como si nada.

Una familia fracturada

El paso del tiempo no ha disminuido el impacto de aquella muerte.

Maritza describe a su familia como un grupo que quedó profundamente afectado por lo ocurrido.

—Nosotros somos una familia que quedó fracturada, que quedó mal, que quedamos sufriendo por muchos años por culpa de este tipo y por culpa de la justicia, que no cumplió con su labor.

La familiar también cuestiona determinados aspectos de la investigación y apunta sus críticas al entonces fiscal Michael Llanos.

—Él no hizo las últimas gestiones, que eran vaciar el pozo de este tipo para encontrar, por lo menos, las manitos de Pamela.

En contraste, Meza destaca el trabajo que atribuye a los funcionarios de la Policía de Investigaciones que participaron en las diligencias.

—La PDI con nosotros se portó un siete. Ellos trabajaron 24/7 y nos ayudaron montones.

Su principal cuestionamiento, asegura, está puesto en el resultado judicial que ha tenido la causa.

—Pero la justicia en sí es la que decretó que este tipo ande libre por la vida.

Para la familia, Pamela sigue siendo mucho más que una víctima de un expediente.

—Pamela no le hizo daño a nadie. Era una chica alegre, joven. Tenía muchos proyectos de vida con sus hijos.

Sus hijos, dice Maritza, han continuado con sus vidas y sus estudios. Pero la ausencia de su madre continúa presente.

—Es súper triste para nosotros que hoy en día, a estas alturas, como va avanzando la vida, aún no logremos resolver el caso de mi sobrina Pamela Zúñiga.

Y la petición permanece intacta: que la investigación permita establecer qué ocurrió y quiénes tuvieron responsabilidad.

Ivonne Mendoza Callumán: 22 años sin saber qué ocurrió

El segundo caso se remonta al 15 de junio de 2004.

Ese día, Ivonne Mendoza Callumán, de 33 años según los antecedentes entregados por su familia, salió desde su domicilio ubicado en calle Pajaritos N°5, en Traiguén.

Tenía previsto viajar a Santiago por motivos laborales, como lo hacía habitualmente. Pero nunca llegó a destino.

Desde ese momento, su familia no volvió a tener noticias de ella.

La desaparición dio origen a una investigación que, 22 años después, continúa sin entregar las respuestas que sus cercanos esperan. Antecedentes periodísticos de la época consignan que Ivonne fue vista por última vez cuando salió de su hogar para tomar un bus rumbo a Santiago, aunque nunca habría abordado ese transporte.

Su hija mayor, Yulissa Andrade Mendoza, ha vivido buena parte de su vida adulta intentando conocer qué ocurrió con su madre.

Para ella, el caso prácticamente va rumbo a la impunidad.

—La verdad es que no hubo ningún resultado. El caso prácticamente se cerró. No hay muchos antecedentes, en realidad no hay nada respecto al caso.

La situación genera una dificultad adicional: si aparecieran nuevos antecedentes, la familia teme que sea necesario comenzar nuevamente el proceso investigativo.

—En caso de que hubiese más pistas, tendría que reabrirse un nuevo caso y empezar todo desde cero.

Una carpeta que ya no estaba

Uno de los episodios que más inquietud genera en la familia ocurrió cuando Yulissa intentó acceder a la carpeta investigativa.

Quería conocer qué diligencias se habían realizado, cuáles habían sido los resultados y qué había ocurrido con la investigación.

La respuesta que recibió, según su relato, fue que la carpeta ya no existía.

—Hace unos años traté de ir a pedir la carpeta investigativa, como para saber en qué había quedado el caso o conocer mayores antecedentes de las pericias que se habían hecho. Pero me dijeron que no existía, que la carpeta investigativa no estaba, que se había eliminado por una ley.

Para Yulissa, aquello significó perder la posibilidad de contar con antecedentes que pudieran ser revisados en caso de que algún día apareciera una nueva pista.

—Como familia nunca se nos comentó que esto iba a suceder o que se iba a eliminar la carpeta, como para nosotros poder haber conseguido un respaldo de ello.

El paso del tiempo, lejos de cerrar la historia, mantiene abierta la incertidumbre.

—Es triste, decepcionante. Obviamente, como familia siempre vamos a estar en la incertidumbre de saber qué fue de ella. Siempre estamos pensando en qué pudo haber pasado con ella.

La esperanza permanece

Pese a todo, la familia no ha renunciado completamente a la posibilidad de conocer la verdad.

Yulissa reconoce que el paso de los años hace más difícil cualquier investigación, pero también recuerda que existen casos en los que nuevos testimonios o antecedentes han permitido volver a mirar hechos ocurridos décadas atrás.

—Han habido casos en la televisión que después de tantos años hay gente que dice la verdad. Entonces, obviamente, tenemos la esperanza. Ojalá que así sea algún día.

Su petición apunta directamente a revisar nuevamente la investigación utilizando las herramientas disponibles actualmente.

—Quizás que vuelvan a investigar. Hoy en día hay más tecnología. Que evaluaran de nuevo puntos de vista que quizás no fueron evaluados, que no tenían los medios para hacerlo.

Para ella, no se trata solamente de recuperar un expediente. Se trata de saber qué ocurrió con su madre.

Erica Hagan: doce años después una madre que sigue esperando respuestas

Hay casos que el paso del tiempo transforma en una cifra. Otros permanecen abiertos, no solo en los expedientes judiciales, sino también en la memoria de quienes esperan respuestas. La muerte de Erica Hagan pertenece a esta última categoría.

La joven psicóloga estadounidense tenía 22 años cuando fue asesinada el 5 de septiembre de 2014, en el departamento que ocupaba al interior del Colegio Bautista de Temuco. De acuerdo con los antecedentes conocidos de la investigación, el o los autores la golpearon reiteradamente con un objeto contundente, para posteriormente colocarla en una tina y provocarle quemaduras con agua caliente. Luego iniciaron un incendio en el departamento que ocupaba, el que tenía claras intenciones de ocultar evidencias.

El crimen provocó una amplia conmoción pública y dio origen a una investigación que, con el transcurso de los años, ha tenido distintos episodios y líneas investigativas.

Hoy, doce años después, existe una diferencia fundamental respecto de otros casos marcados por el tiempo: la causa vuelve a estar bajo investigación.

Desde Kentucky, Estados Unidos, Regina O’Neal, madre de Erica, volvió a referirse públicamente al caso al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de su hija. Su mensaje combina esperanza y frustración: por una parte, destaca el respaldo que asegura estar recibiendo de la representación diplomática estadounidense; por otra, cuestiona el ritmo de las diligencias que actualmente lleva adelante la Fiscalía Regional de O’Higgins.

Una causa que vuelve a investigarse

A fines de septiembre de 2024, el Fiscal Nacional, Ángel Valencia, instruyó que la investigación del asesinato de Erica Hagan fuera asumida por tercera vez por la Fiscalía Regional de O’Higgins.

La causa quedó a cargo del fiscal regional Aquiles Cubillos, quien ha encabezado nuevas diligencias destinadas a revisar antecedentes y evidencias vinculadas al homicidio.

Para la familia, esta nueva etapa representa una oportunidad para avanzar hacia una respuesta definitiva. Sin embargo, Regina O’Neal considera que el ritmo de la investigación no corresponde a la gravedad ni a la antigüedad del caso.

—También quiero expresar mi decepción con la fiscalía que lleva la tercera investigación sobre el asesinato de mi hija.

Su principal cuestionamiento apunta al tiempo transcurrido.

—El proceso ha sido muy, muy lento y, como sabemos, todavía no tenemos una resolución.

La madre de Erica no solo reclama por la ausencia de una conclusión. También plantea interrogantes respecto de la forma en que determinadas evidencias fueron manejadas durante las primeras etapas de la investigación.

El reloj que desapareció

Entre esos antecedentes aparece un objeto personal de Erica: su reloj.

Según sostiene O’Neal, el reloj desapareció mientras se encontraba bajo custodia de la Policía de Investigaciones. Para ella, el episodio no puede ser separado de la investigación del homicidio.

—Quieren hacernos creer que lo ocurrido con el reloj de Erica, que desapareció mientras estaba bajo custodia policial, es solo un delito menor.

La madre sostiene una posición distinta y considera que la desaparición del objeto debe ser examinada dentro del contexto general de la causa.

—La desaparición del reloj de Erica bajo custodia de la PDI forma parte del crimen.

O’Neal relaciona este hecho con lo que considera deficiencias en el manejo de evidencias durante la investigación y habla de una eventual obstrucción.

—Es solo una parte de la evidente obstrucción de la investigación que se prolonga indefinidamente. Una manipulación constante.

Se trata de una interpretación expresada por la madre de la víctima. La existencia de responsabilidades penales, la naturaleza de la desaparición del objeto y su eventual relación con el homicidio deben ser determinadas por las autoridades competentes.

Denuncia desaparición de evidencia

El cuestionamiento de Regina O’Neal también se extiende a otras evidencias materiales.

En su mensaje, asegura que 49 de las 50 pruebas materiales vinculadas al caso desaparecieron desde dependencias de la Fiscalía de Temuco.

—No olviden que 49 de las 50 pruebas materiales desaparecieron. ¿Del cuartel de la PDI? No. Desaparecieron de la Fiscalía de Temuco.

La afirmación constituye uno de los principales puntos de preocupación planteados actualmente por la madre. A su juicio, la desaparición de esos elementos debería ser considerada dentro de la investigación general sobre la muerte de Erica.

—No pueden decirme que no hubo algo turbio ahí; es algo que debe esclarecerse.

O’Neal cuestiona además que, según su percepción, los investigadores actuales no hayan incorporado plenamente este antecedente a la causa.

—Los nuevos fiscales no quieren incluir este hecho. Y aquello fue un delito vinculado al asesinato de Erica; sigue formando parte del caso de su asesinato.

La afirmación sobre la cantidad de evidencias desaparecidas y su eventual relación con el homicidio corresponde a la versión entregada por la madre. Establecer qué elementos se extraviaron, bajo qué circunstancias y si aquello configura algún ilícito corresponde a una determinación de las autoridades investigativas y judiciales.

La esperanza puesta en la representación estadounidense

En medio de sus críticas, Regina O’Neal también expresa un sentimiento distinto: satisfacción por el apoyo que asegura estar recibiendo actualmente de la Embajada de Estados Unidos en Chile.

Para la madre, ese respaldo representa una señal que esperaba desde hace años.

—Estoy muy, muy contenta con el apoyo que estoy recibiendo de la Embajada de Estados Unidos.

O’Neal afirma que ha esperado durante doce años una participación más activa de las autoridades de su país.

—He esperado doce años para lograr que Estados Unidos se involucre de alguna manera en este asunto, y por fin estamos viendo que eso sucede.

La familia espera que ese acompañamiento contribuya a mantener el caso en el centro de la atención y favorezca el avance de las diligencias.

—Una vez más, espero y creo que la participación de la Embajada de EE. UU. servirá de gran impulso —como echar leña al fuego— para lograr que esto se resuelva.

Doce años después

El tiempo ha pasado, pero para la familia de Erica Hagan la herida permanece abierta. El mensaje de la madre también refleja la dimensión personal de una espera que se ha extendido durante más de una década.

—Me resulta incomprensible que nadie más vea lo que yo veo.

Y vuelve a insistir en que las situaciones relacionadas con las evidencias no deberían quedar al margen de la investigación.

—No debería hablar así, pero me indigna que los responsables de la investigación del asesinato de mi hija no consideren la desaparición de esas 49 pruebas de la Fiscalía como un delito más, ni como parte integral de todo el caso de Erica.

La familia espera que esta tercera investigación permita reconstruir con precisión lo ocurrido, establecer qué sucedió con las evidencias cuestionadas y, sobre todo, determinar quién fue responsable de la muerte de la joven psicóloga estadounidense.

Para Regina O’Neal, el tiempo de esperar ya terminó.

—Han pasado doce años. Ya es hora.

Y mientras la investigación continúa, una pregunta permanece pendiente desde el 5 de septiembre de 2014:

¿Quién asesinó a Erica Hagan?

Tres historias y decenas de preguntas sin respuestas

Los casos de Pamela Zúñiga, Ivonne Mendoza y Erica Hagan ocurrieron en momentos diferentes y tienen características investigativas distintas.

Pero en los tres aparece un elemento común: familias que no están dispuestas a que el paso del tiempo signifique olvidar a sus seres queridos.

En el caso de Pamela, su tía reclama por lo que considera una respuesta judicial insuficiente y exige que se determinen las responsabilidades correspondientes.

En el caso de Ivonne, su hija mayor enfrenta una desaparición que permanece sin explicación después de 25 años y cuestiona que la familia haya perdido acceso a antecedentes de la investigación.

Y en el caso de Erica, una nueva investigación intenta determinar si los avances tecnológicos pueden aportar información que permita resolver un crimen ocurrido hace más de una década.

La historia de la Reforma Procesal Penal comenzó en La Araucanía hace más de 25 años. La región fue una de las zonas piloto de la transformación del sistema de justicia penal chileno.

Hoy, las historias de estas tres mujeres muestran otra dimensión de la justicia: la de las familias que permanecen esperando.

Porque detrás de cada expediente existen nombres, fotografías, hijos, madres, hermanos y sobrinos.

Y mientras no existan respuestas definitivas, para ellos los casos no pertenecen al pasado. Siguen siendo preguntas abiertas.

 

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Foto primera portada de la revista Golpe Digital

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