Publicado por: Equipo GDigital | martes 11 de noviembre de 2025 | Publicado a las: 11:40
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Hoy celebramos 100 años de Trabajo Social en Chile, una profesión nacida del deseo de transformar la realidad desde la empatía, el compromiso y la justicia. Pero mucho antes de que existieran carreras o metodologías, ya existía un llamado más alto: el de amar y servir al prójimo.
Como hijos de Dios, no podemos mirar la necesidad y quedarnos quietos. El amor de Cristo nos mueve, nos sacude, nos empuja a actuar. No basta con la compasión; el verdadero amor se demuestra en acción. Y en esa acción nace también el sentido más puro del Trabajo Social: acompañar, dignificar y restaurar.
Cuando servimos, no solo realizamos una labor humana. Estamos cumpliendo un propósito divino. Cada abrazo, cada gestión, cada palabra de aliento es una extensión del amor de Dios hacia el mundo. En ese instante, el servicio se vuelve adoración.
Durante estos 100 años, el Trabajo Social ha enseñado a mirar con empatía, a intervenir con respeto y a transformar con compromiso. Pero quienes creemos, sabemos que servir es más que una vocación: es una misión. Es vivir el Evangelio con las manos, con los pies y con el corazón.
Porque la fe sin obras es incompleta, y la obra sin amor se vuelve rutina.
Por eso, cuando ayudamos, cuando acompañamos, cuando defendemos la justicia, estamos obedeciendo a Aquel que nos envió a amar sin medida.
En Apapachos, creemos que el Trabajo Social no solo se ejerce, se encarna. Y cada vez que abrazamos a alguien en su dolor, también estamos abrazando el corazón de Dios.
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.” (Lucas 4:18)
Hoy celebramos una profesión que enseña a mirar al otro con dignidad. Pero sobre todo, recordamos que servir no es una opción: es una respuesta al amor que primero nos alcanzó.